Una forma de vivir que se basa en buenas intenciones pero que puede llevar al agotamiento
Muchas personas han crecido creyendo que los resultados que obtienen definen su valía como personas. A menudo escucho en mi consulta creencias que los pacientes han interiorizado, como: “si cometes errores, no eres suficiente como persona”, “eres una decepción porque no logras alcanzar esa meta”. Estas creencias generan ansiedad y agotamiento físico y mental.
Inicialmente, el perfeccionismo parece algo positivo: ser responsable, exigente, orientado a los resultados, atento a los detalles.
Pero aquí conviene analizar qué subyace a esta imposición. ¿La motivación reside en la satisfacción del trabajo bien hecho, la disciplina, el deseo de utilizar los propios recursos de forma adecuada y el efecto es el fortalecimiento de la autoestima? ¿O la motivación es el miedo a no ser lo suficientemente bueno, la ansiedad producida por estándares autoimpuestos imposibles de alcanzar?
Si la respuesta se inclina más hacia la segunda opción, es muy probable que el rendimiento se vea afectado. Es decir, los resultados obtenidos serán contrarios a la intención inicial. ¿Cómo sucede esto?
Cuando nos centramos exclusivamente en el resultado, sin tener en cuenta el camino recorrido para alcanzarlo y si vemos los errores como peligros en lugar de oportunidades de aprendizaje, es como si, en vez de apoyar los esfuerzos para lograr un objetivo determinado, los dificultáramos cargándonos con un gran peso de preocupaciones, críticas y miedos.
Es entonces cuando el deseo de hacer las cosas lo mejor posible comienza a afectar el bienestar emocional.
Los perfeccionistas, por lo tanto, terminan sin sentir satisfacción incluso cuando logran muy buenos resultados, minimizan sus éxitos o los atribuyen a factores externos.
Por lo tanto, el perfeccionismo tiene dos componentes principales: la tendencia a hacer las cosas muy bien y la creencia de que los errores son inaceptables. A raíz de estas ideas se encuentran mandatos heredados en la infancia, lo que hace que la integración y transformación de los mismos requiera atención, cuidado y acompañamiento.
¿Pospones empezar actividades por miedo a que no salgan como deberían? ¿Eres muy autocrítico? ¿Te cuesta delegar o pedir ayuda? ¿Te genera mucha ansiedad cometer errores? ¿Sientes que, por mucho que te esfuerces, nunca es suficiente?
Me gustaría decirte que no estás solo y que puedes transformar el “todo tiene que ser perfecto” en “busco la calidad”; “nunca es suficiente” en “tengo derecho a parar”; “los errores son inaceptables” en “acepto que me equivoqué”.
Reducir el perfeccionismo no significa bajar estándares, sino incluir bienestar emocional.
Cómo puede ayudar la psicoterapia
Desde un enfoque humanista integrativo, el trabajo con el perfeccionismo incluye: explorar el origen de la autoexigencia, identificar miedos asociados al error, flexibilizar estándares internos, fomentar el autoconocimiento y la capacidad de conectar con el ”aquí y ahora”, reconectar con tus propias necesidades emocionales.
El perfeccionismo promete seguridad pero muchas veces, lo que genera es malestar. Aprender a gestionarlo puede abrir espacio para mayor calma, autenticidad y poder personal.

