Decidir ir a terapia suele ser demorado; solemos tener muchos prejuicios, miedos y desconocimiento sobre cómo hacerlo y cómo elegir un terapeuta. Considero que parte de nuestra labor como psicólogos es ayudar a guiar al paciente que llega en cómo elegir terapeuta. Lastimosamente, he tenido algunos pacientes que llegan a terapia diciendo que están en un proceso paralelo con otro/a terapeuta. Cuando esto sucede lo primero que les digo es que elijan con cuál quedarse puesto que tener dos procesos al mismo tiempo no es saludable. Esto mismo se los digo si se encuentran en alguna terapia holística donde se están trabajando también cosas íntimas de la persona.
A continuación explico algunas de las razones por las cuales estar en más de un proceso terapéutico es perjudicial y contraproducente para la persona.
- Diferentes enfoques terapéuticos: Como sabemos la psicología tiene distintos enfoques (cognitivo-conductual, psicoanálisis, Gestalt, humanismo, sistémico, humanista integrativa, entre otros) desde los cuales la visión del ser humano es una y con ello la manera como se abordan las problemáticas en terapia; así una depresión, por ejemplo, será manejada de forma muy diferente entre una terapia cognitivo-conductual y el psicoanálisis o un problema familiar entre la terapia sistémica y la humanista integrativa, y así sucesivamente. Esto entonces lleva a que el terapeuta, si es humanista, trabaje el problema de ansiedad de su paciente desde un lugar particular y específico que corresponde a la manera como el humanismo entiende y ve la ansiedad y será muy diferente a como lo trabaje un terapeuta gestalt o de cualquier otra corriente. Cuando la persona se encuentra en dos procesos paralelos va a recibir, frente a la misma problemática, dos formas diferentes de trabajarlo y ello le va a generar mucha confusión, que es nuestro segundo punto.
- Confusión en la información que recibe: La confusión va a estar principalmente en tener muchas herramientas y no saber cuál usar. Imaginen que vamos por una autopista y de repente tenemos 5 posibles rutas que tomar. Sabemos que llegaremos al mismo lugar pero una vez tomamos una decidimos parar porque de pronto la de al lado es mejor, entonces nos devolvemos y andamos por ella y mientras estamos en ella pensamos “tal vez me sentía mejor en la otra” entonces nos devolvemos al inicio y cuando estamos en el inicio decimos “bueno pero intentemos esta otra que tal vez tiene un paisaje más lindo” y así podemos ir y devolvernos sin llegar nunca a ningún lado, extrañando siempre la ruta anterior y añorando la que no conocemos pensando que es mejor. Hay mucha confusión interna, muchas preguntas que no podremos resolver y eso va a retrasar nuestro proceso psicológico; vamos a tener mucho en nuestras manos pero poco en nuestro interior, que es lo que necesitamos para avanzar en un proceso. Este ir y venir nos lleva a nuestro siguiente punto: abrimos muchas puertas.
- Muchas puertas abiertas: Imaginen un castillo: tiene varios pisos, varios cuartos, varios armarios. Ahora imaginen que cada puerta de cada lugar está completamente abierta. Imaginen entrar a ese castillo… seguramente la primera sensación será de desorden y el primer impulso tal vez, será cerrar las puertas. ¿Pero cuáles son las que se deben cerrar primero? ¿Cuáles quiero cerrar primero? ¿Qué pasa si cierro una y no era? ¿qué pasa si se me queda una abierta y debía cerrarla? Asimismo sucede en la terapia. Como terapeutas sabemos qué puerta estamos abriendo en el paciente y, al abrirla, tenemos un cuidado especial de tratar el contenido que hay allí dentro. Podemos abrir una nueva al tiempo que la primera porque sabemos para qué lo estamos haciendo, sabemos y conocemos el sentido terapéutico de ello. También sabemos cómo cerrarla una vez ya se trabajó lo importante y necesario. Cuando hay dos procesos en curso, es difícil para cada uno de los terapeutas saber qué puerta está abriendo el otro, lo que puede llevar a un caos pues si el terapeuta 1 ya cerró una puerta que el terapeuta 2 no sabe, éste último va a necesitar/poder abrirla generando en el paciente más confusión. Nuevamente el proceso va a presentar fallas innecesarias que afectan la salud mental del paciente. Esto nos lleva a nuestro último punto: dependencia a la terapia.
- Dependencia a la terapia: Al no poder entonces resolver del todo ningún tema, pues una vez resuelto en un proceso, se abre en el otro y viceversa, el mensaje que recibe el paciente es que SIN TERAPIA NO PUEDE VIVIR. Esta falta de claridad puede llevar a la persona a necesitar cada vez más la terapia pues es difícil que encuentre una respuesta clara: está sobre-informada, está completamente expuesta a nivel psicológico, está buscando algo y cada vez que encuentra una respuesta, aparece la duda de si ésa sí es o no. La persona entonces va a necesitar de terapia para poder gestionar esto que le sucede y al tener dos procesos o más al tiempo, se sumerge en un círculo vicioso y poco sano.
Finalmente creo importante recordar que como terapeutas tenemos una ética y debemos ser fieles a ella para así impedir un daño en las personas que se acercan a la terapia. Como pacientes, tengamos siempre presente, que ¡un solo terapeuta es más que suficiente! Si después de un tiempo deseamos cambiar, está perfecto y es recomendable, pero nunca tengamos dos procesos al mismo tiempo.

