La idea de que el hombre es un ser social por naturaleza, representa no sólo una premisa fundamental en la filosofía y en la sociología sino también para la psicología al punto que, es precisamente a través del contacto con los otros donde el ser humano reconoce su propia existencia, así lo sugiere Massó (s.f.) cuando afirma que la alteridad «es la condición de existencia de toda persona: uno es uno mismo por otro —que le genera— y para otro —con quien se relaciona».
Esto explica de algún modo la necesidad que todos, o la mayoría, tenemos de comunicarnos, entendida la comunicación como el proceso de transmisión de información entre dos o más individuos, de manera verbal y/o no verbal.
Entre los recursos esenciales para que una comunicación efectiva, destaca la escucha activa referida a la habilidad para prestar atención plena a quien habla, no sólo para oír lo que dice sino para comprender su mensaje, interpretarlo correctamente y responder de manera reflexiva; incluye la identificación de los gestos, actitudes y emociones de la otra persona por ser canales a través de los cuales revela lo que, en ocasiones, no es capaz de expresar en palabras.
Esta escucha abre la posibilidad de ser empático, de entender los sentimientos de su interlocutor antes de responder de forma apresurada o impulsiva. De este modo, la escucha activa involucra un movimiento hacia el otro pudiendo aportar significativamente a su existencia, a diferencia de la escucha pasiva que consiste en oír a alguien sin involucrarse en la conversación ni ofrecer retroalimentación.
Como acompañante de la escucha activa se encuentra la comunicación asertiva que es el punto medio entre la comunicación pasiva y la comunicación impulsiva, siendo la primera (c. pasiva) aquella donde los sujetos prefieren callar lo que en realidad quisieran manifestar, llegando a acumularse como una especie de bomba de tiempo y que al explotar puede hacer más daño del que se evita; en la segunda (c. impulsiva), las personas tienden a expresarse sin medir el impacto que sus palabras pueden causar a los otros.
Así, la comunicación asertiva tiene que ver con la manera en que una persona se comunica y defiende sus derechos y principios frente a los demás, de una manera honesta y sin necesidad de tener que recurrir a la pasividad o a la agresividad.
A fin de alcanzar la efectividad de estas dos herramientas, el Dr. Miguel Ruiz recomienda la puesta en práctica de lo que él denomina los “cuatro acuerdos”:
- Sé impecable con tus palabras: Consiste en saber elegir las palabras con las que deseas comunicarte, procurando hablar desde el amor y el sumo respeto por la otra persona; como bien dijo Shakespeare: “hay palabras que son puñales” pero también hay palabras que inspiran, acercan, animan y sanan.
- No te tomas nada personal: Se refiere al hecho de no asumir como propio lo que el otro expresa ya que su contenido no tiene que ver necesariamente contigo, en ocasiones, suelen ser proyecciones de sus heridas, creencias y sentimientos más no son reflejo de tu valor o de tu persona.
- No hagas suposiciones: Implica evitar la tendencia a hacer lectura o interpretación anticipada de los pensamientos y acciones de los demás, para ello se recomienda solicitar información y/o aclaración de dudas que permitan prevenir malentendidos.
- Haz siempre tu máximo esfuerzo: No se trata de alcanzar la perfección ni tiene que ver con la sobre exigencia, sino de procurar dar lo mejor de sí en cada situación, colocando a disposición los recursos que dispones para que este encuentro interpersonal sea positivo o significativo.
En PHI, la escucha activa y la comunicación asertiva forman parte esencial de nuestro quehacer terapéutico puesto que representan una puerta de entrada para el proceso de acompañamiento del paciente, en el contexto de un espacio lo suficientemente seguro, amoroso y protector que le permita abrir su mente y su corazón, atender sus necesidades y caminar hacia la plenitud de su vida.

