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Aprendiendo a identificar mis necesidades relacionales

Al nacer, la mayoría de nosotros comenzamos a formar parte de un núcleo familiar, cuyas conductas están configuradas por diversas varias maneras de ver el mundo siendo una de ellas la tendencia a complacer, en todo momento, a los demás obteniendo como resultado la anulación o el distanciamiento en lo que respecta al reconocimiento y la atención de las propias necesidades. Pensemos por ejemplo el caso de una persona que, en el contexto de una relación de pareja, decide no exponer sus gustos o deseos para evitar el desagrado de su conyugue, quedándose atrapada en una dinámica relacional insatisfactoria que ensombrece su existencia o no aporta significativamente a su felicidad.

Esta tendencia es consecuencia de lo que en PHI denominamos el “marco de referencia” y que unido al “guion de vida” conducen al individuo a olvidarse de sí.  La buena noticia es que, en la medida en que comenzamos a identificar cuáles son estas necesidades, con la ayuda de profesionales cualificados, podemos iniciar un itinerario para el cultivo / recuperación de estos elementos vitales.

A este respecto, el reconocido psicólogo clínico y psicoanalista estadounidense Richard Erskine propone el concepto de las necesidades relacionales que, José Zurita y Macarena Chías modificaron y adaptaron para las relaciones de pareja.  A continuación, las expongo de acuerdo con mi comprensión:

  1. Necesidad de seguridad: Representa el deseo de sentirse segur@ al lado de la otra persona, para atreverse a permanecer junto a ella y construir junt@s sus sueños. En este contexto, es imprescindible que ambas personas se sientan respetadas, acompañadas y emocionalmente estables para que cada una exprese con serenidad sus sentimientos y coloquen en común los límites esenciales de la relación.
  2. Necesidad de reconocimiento: Por lo que la persona es en sí misma, por existir. Todo lo cual involucra el noble movimiento de “dar y recibir”. En otras palabras, se trata de una necesidad que tiene ver con sentirse validad@ e importante para los demás, por medio de gestos o palabras como: “felicidades por tu ascenso”, “me encanta tu personalidad”.   
  3. Aceptación por una persona estable:  Involucra la necesidad de recibir aceptación, reconocimiento y validación por parte de una persona estable y digna de confianza; esto no significa que sea una persona perfecta o emocionalmente inmutable, sino una en la que puedas apoyarte en caso de necesitarlo con la certeza de que casi siempre estará allí para ti.
  4. Confirmación de la experiencia personal: Tiene que ver con experimentar que eres comprendid@ por la otra persona dado que ella ha tenido una vivencia semejante a la tuya. Dicho de otro modo, es una persona con la capacidad de valorar lo que te está pasando porque sabe fenomenológicamente cómo es esa experiencia.   
  5. Autodefinición: Involucra la libertad de mostrarnos, en todo momento, tal y cómo somos sin máscaras ni adornos tanto a nivel físico como emocional, en el contexto de una comunicación transparente y respetuosa.
  6. Necesidad de generar impacto en el otro: Implica el hecho de que, ante una acción, expresión física o verbal, la otra persona reaccione mostrándote su impactado o agradado, ej.: “me fascina tu cambio de look”.
  7. Necesidad de que el otro tome la iniciativa: Suele ocurrir que, en las relaciones de pareja, un@ de l@s dos es siempre quien toma la iniciativa, llevando al cansancio o la queja. Para prevenir que esto suceda, se requiere la puesta en escena de una dinámica en la que los interlocutores se sientan implicados respecto a esta iniciativa, como una especie de trabajo en donde todos y cada uno son agentes activos de cambio.
  8. Necesidad de expresar amor: Es un componente indispensable en todas las relaciones humanas puesto que el amor es el motor que mueve y da sentido al vínculo. Sin la expresión libre de esta emoción, la relación corre el riesgo de enfriarse y morir.    

¿Reconoces estas necesidades en ti?

Si la respuesta es sí, puede que ya sea hora de comenzar a mirarte; esto no significa que renuncies a tu propósito de tender la mano a los demás sino de ser consciente que tú también eres importante y de que tus necesidades merecen ser atendidas y/o satisfechas para una mayor plenitud de vida. Esto implica un proceso aprendizaje que pasa por la confrontación de todas aquellas creencias familiares, culturales o religiosas que priorizan el bienestar de las otras personas antes que el personal e inclusive llegan a percibir como negativo o egoísta el amor propio, cuando en realidad este último se constituye en la base de las sanas relaciones interpersonales.         

¿Te atreverías a iniciar un camino de acompañamiento psicoemocional, desde nuestro modelo PHI, que te ayude a alcanzar esta meta?

Algun@ de nuestr@ equipo de terapeutas podría acompañarte. ¡No dudes en escribirnos!

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